Ganador del Concurso Internacional de microrrelatos La Mueca del Pícaro 2018

 

 

Una alegría de vez en cuando nunca viene mal. Como cuando me comunicaron hace poco que había ganado el Concurso Internacional de Relato de Humor Hiperbreve La Mueca del Pícaro 2018 con mi obra Don Ricardo.

El premio lo convocaba el Ayuntamiento de Barbastro (Huesca), junto a otros premios literarios más. Este es el enlace del artículo del Heraldo en el que se comunica el fallo.

 La Mueca del Pícaro 2018

 

LAS ALAS DEL ÁGUILA: ROSS PEROT Y SUS FIELES EJECUTIVOS

alas-del-aguila.preview_0-244x372

Siempre se ha dicho que en innumerables ocasiones la realidad supera a la ficción. Clásico dicho que en este caso es totalmente cierto. Sobre todo en nuestra piel de toro, donde semejante aventura es absolutamente incompatible con el caracter del sufrido trabajador ibérico puro
de oliva. Pongámonos en situación. Irán. Finales de 1978. El Sha Reza Pahlevi, aliado de los EE.UU quienes armaron su ejército y continuador de la reciente monarquía creada por su padre, el típico militar que da un golpe de estado y se autoproclama rey por la patilla, está a puntito de ser enviado al viejo lugar donde picó el pollo. Y es que por aquellos lares suenan tambores de guerra, de revolución islámica y barbas a lo alcalde de Marinaleda. El ayatolá Jomeini, futuro destinatario de una entrañable canción de Siniestro Total, sale de Francia y regresa a la antigua Persia, a echar la persiana, valga la redundancia, a un régimen autoritario para crear otro pero de corte islamista. Y es durante los albores de esta revolución cuando se produce nuestra historia. El secuestro en Teherán de Bill Gaylord y Paul Chiapparone, ejecutivos de la EDS (Electronic Data System),empresa yanki fundada en tierra de JR, oséase Dallas, por el pastoso tejano Ross Perot.

El self made man por antonomasia. Impulsivo, constante, inteligente, líder nato. Como buen americano, con pasado de combatiente y patriota,llegando a presentarse como candidato a la presidencia en 1992 y 1996 por el Partido de la Reforma de los Estados Unidos logrando un 19%
de votos con su ultraconservador programa, aunque obviamente sin posibilidades en un supuesto mundo democrático que sólo acepta el bipartidismo de toda la vida. Trabajó en la IBM, hasta que años más tarde crea su propia empresa de soportes electrónicos, la EDS. Siempre abriendo
mercados, consiguió el contrato para informatizar el sistema de la seguridad social iraní en 1976.

Entonces se produce el entuerto. Gaylord y Chiapparone son acusados de haber obtenido el contrato por soborno y son arrestados. Los intereses americanos son un blanco deseado por los futuros señores del país, que saben que la empresa no abandorá Irán sin sus hombres. La EDS intenta
acreditar por activa y por pasiva que sus hombres son inocentes y una gestión trasnparente como el caldo de un asilo. Ni puto caso. Los iraníes los llevan a la trena y les dan una taza de Mickey Mouse y un tenedor para que marquen palotes en las paredes de la celda. El ejército americano se lava las manos para no complicarse de momento con otro puñtero país que les ha salido rana.

Pero Perot no se queda esperando a que escampe durante el diluvio, sino que es de los que agarran la llave inglesa y se la juega para cerrar el grifo. Ahí es cuando surge el líder que lleva dentro. A grandes males, grandes remedios. Si su país no le ayuda a rescatar a sus hombres lo hará él con los suyos. En apenas unos días piticlinea al resto de ejecutivos residentes
en Irán y otros que están en Estados Unidos y les dice lo que hay. Les ofrece un arriesgado proyecto para rescatar a sus compañeros cuyo único incentivo es llevarlos a su casa sanos y salvos, advirtiéndoles eso sí que perder el pellejo es uno de los puntos a tener en cuenta en la atípica misión. Lo grande es que cuando dijo la típica frase, “Es voluntario, el que
quiera salir del despacho porque no quiere participar, puede hacerlo, lo entenderé perfectamente”, nadie movió un pinrel. Ahí está su grandeza. Perot daba mucho a sus hombres, estaba pendiente siempre de ellos, pero a cambio les exigía mucho. Disponibles en cualquier momento, trabajo
constante, pero también ponía un avión de su bolsillo si la mujer de alguno estaba enferma y tenía que ser ingresada en otro estado en la clínica más importante de allí. Y ellos lo sabían.

Otro dato a tener en cuenta es que seleccionaba siempre a sus altos ejecutivos entre formados candidatos que hubiesen estado también en el ejército, consciente de que tipos que ha soportado el estrés de la guerra y estar continuamente ante situaciones límite saben perfectamente cómo
actuar y mantener la cabeza en su sitio en el ejercicio de puestos directivos. Allí gritaron fidelidad al jefe y sus compañeros un grupo formado por Jay Coburn, Ron Davis, Ralph Boulware, Joé Poché, Glen Jackson, Pat Sculley y Jim Schwebach, casi todos veteranos de Vietnam. Tal situación extraordinaria, en la que ejecutivos de poderosas nóminas estén dispuestos a jugarse el tipo por rescatar a sus compañeros, y siendo el primero su propio jefe, que voló con ellos, es algo que se aún se explica en los cursos de liderazgo de directivos de medio mundo.

Pero para llevar a cabo la misión necesitaban a un profesional que los dirigiese. Y éste no fue otro que el viejo coronel Bull Simons, veterano de la Segunda Guerra Mundial y de Vietnam, con aureola de legendario soldado, de esos que uno agradece tener cerca cuando la muerte nos mira de frente y él sabe siempre cómo ponerte de lado. La misión le llegó en el mejor momento, pues hasta esa fecha mataba la vida entre la añoranza por su mujer fallecida poco tiempo antes y el cuidado de su granja de cerdos. Así que de perdidos al river, pero con la satisfacción de volver de nuevo a la acción con una misión de las que bien valen un epitafio agradecido.

El entrenamiento de los mozos se lo pueden imaginar, así que no me detengo. Muchas carreras, tiro al blanco, ensayos de asaltos. Ördenes, tensión y también mucho “Cuando yo diga saltar, vosotros diréis hasta donde”, “Cuando yo diga correr, vosotros diréis hasta que estado” y
“Cuando yo diga las cinco…”,bueno, hasta aquí puedo leer… El caso es que tras un duro entremaniento y un plan de rescate ensayando mil veces al final no tuvieron ni que usarlo.

La propia revolución facilitó sin saberlo su salida. La cárcel en la que estaban fue asaltada por los revolucionarios y entre el cachondeo que se lió Paul y Bill cogieron las de Villadiego con ayuada eso sí de Rashid, un joven iraní que se las sabía todas y con ganas de ganarse la vida en el país del tío Sam, sin duda montando un Kebab. Entonces fueron recogidos por el coronel Simons y el resto de la pandi y tirando de furgoneta, todoterreno y autobús hasta conseguir atravesar la frontera del país. Toda esta historia está perfectamente detallada en el magnífico libro de Ken Follet, Las Alas del Águila, unos años antes de que empezase a elucubrar el armazón de Los Pilares de la tierra.

La aventura fue un éxito. Digno de una peli de Hollywood con final feliz. Ahora, por un momento, piensen una situación parecida en España. Dos altos ejecutivos de una empresa patria retenidos en Marruecos o Argelia por los integrantes de la revolución que se producido en el país. Se
trata de Pepe Fuentecilla, director de Recursos Humanos y del Bisoñé, director comercial en la zona de España, Marruecos y Argelia de la empresa, el cual oculta su alopecia, que no su mala leche, con un casposo peluquín adherido al cráneo. Llega entonces el director general
de la compañía y convoca una junta extraordinaria entre ejecutivos de diferentes rangos y se encuentra con lo siguiente.

Tras soltar la perorata a lo Braveheart e incitar a que den un paso adelante los que estén dispuestos a jugársela por sus compañeros, se empieza escuchar un ligero murmullo que poco a poco va conviertiéndose en una sonrisa hasta terminar en una sonora carcajada, de esas en las que uno no puede parar. El director mira a Gálvez, uno de los ejecutivos que se parte el ojete dando golpes en la mesa sin poder parar de reír, a su lado, Medina, la secretaria del Bisoñé, descojonada como si estuviese de público en No te rías que es peor, hace cortes de mangas y grita: Que no vuelva, que no vuelva ese hioputa.

En otra silla, Gutiérrez y Landelino, sufridos comerciales por obligación no por devoción, se suben a la mesa y zapatean contentos y llorando de risa aún más cuando los mira con mala leche el gran jefe, mientras gritan desgarrándose la voz: ¿Puedo ir yo? ¿Puedo ir yo? Al final hasta el propio gran jefe se descojona al mirar el dossier donde aparecen las fotos de los
dos ejecutivos y dice en voz baja: Pues nada señores, a pelarla.

GRANDES CANCIONES PARA PEGARSE UN TIRO

grandes canciones para pegarse un tiro

Normalmente, las desgracias nunca vienen solas. Aunque parezca una frase hecha, es tan cierta como a Lorenzo Sanz lo pillaron en un turbio caso de estampitas de colores, o lo rápido que nos acelera la patata –y lo que no es la patata- la angelical Charlize Theron, pasando de 0 a 100 en menos de tres segundos, que me río yo del opel tigra trucao de mi amigo Pepe. Porque todo español tiene un amigo que se llama Pepe. En fin, que si las desgracias de turno, cuando llegamos a casa, las aliñamos con una coplilla triste, tenemos todos los ingredientes para dar el salto y hacer una turné por el otro barrio.

Pongámonos en situación. Uno ha tenido ese típico día que no se lo desea ni a su peor enemigo. Al llegar a su puesto de trabajo se encuentra con que el jefe le dice, Gutiérrez, ven un momento a mi despacho, que tengo que hablar contigo. Malo. Guti empieza a vislumbrar las orejas al lobo, y no se equivoca, porque sale del despacho con cara de gilipollas y la carta de despido por reducción de plantilla, además de un sobre con el finiquito de la calzada, que apenas le da para tapar las trampas de juego que tiene con unos prestamistas de la mafia rusa. Vale, igual me he pasado rizando el rizo, pero bueno, estamos caracterizando al personaje para darle más vidilla.

La primera banderilla se la han puesto en la chepa sobre las diez de la mañana. Eso por ahí. Guti decide irse al bar a tomar un copazo mientras piensa cómo se lo va a decir a su mujer, que la tiene de morros desde que se compró la BMW de segunda mano para ir al trabajo en lugar de comprarle a ella el minimorris que tanta ilusión le hacía. Total, que después de tres copazos de orujo, que cauterizan un poco la reciente herida, parece que el valor vuelve a circular por sus venas acompañando en comandita al alcohol que se ha metido el angelito.

El hombre llega a su casa, y como su mujer no lo esperaba, pues se encuentra con el pastel de que la moza está haciendo un arriba y abajo con el vecino del cuarto. Toma ya. Segunda banderilla. Después de los clásicos Pues tú eres…, Si ya sabía yo…, Con el vecino… El Guti echa a cajas destempladas a los amantes furtivos, y se sienta destrozado en el salón. Y llegamos al momento cumbre. El marido, corneado ese día en dos sitios diferentes, por donde se le escapan los sueños de toda una vida, decide tomarse otra pócima para intentar olvidar mientras pone una coplilla para que le acompañe en esos malos momentos. Craso error, porque lo que pone lo coloca en una posición dificilísima.

Menuda elección. La primera copla que pone es Nothing compares to you, de la pelona Sinead O´Connor. Si ya iba tocado, la cancioncilla consigue que se hunda más. Cuando la termina, quizá como acto de masoquismo dice, Pa guevos, los míos, y saca una serie de cedés cada uno con una canción más triste todavía.

En ese momento comienzan a sonar Brothers in arms, de los Dire Straits, que sí, muy bonita, pero no para escucharla cuando te han echado del trabajo y has pillado a tu mujer haciendo guarrerías con el vecino. Hasta Mark  Knopfler se quita la cinta de la frente un momento, de los sudores que le está dando ver llorar al Guti de esa manera. A su actuación le sigue el clásico Yesterday, que lo hace hundirse en las profundidades del sofá. Entre lloro y lloro, pone Lía de Ana Belén, ahí le sale al hombre un quejío entre flamenco y semanasantero que da lástima escucharlo.

Pero el tío tiene pellejo y se regodea en su desgracia, y pone ahora Lullaby, de The Cure, asimilando el pálido careto de Robert Smith en el vídeo de la canción de cuna, y ya no sabe si las arañas que le parece ver por el cuarto se han escapado del cedé o se deben a la potencia de los gazpachos que se está apretando. Algo que olvida pronto al poner You´ve got a friend, en versión a capella de los Housemartins, con la que el pobre Gutiérrez suelta unos espesos lagrimones, grandes cual moco de Troll.

El tipo está herido de muerte, pero sigue dándole al burro, Perico. Y con qué nos sale esta vez, pues nada más y nada menos que con Cecilia y su ramito de violetas, pero para ésta ocasión cantada por el manzanas, Manzanita para todo el mundo. Y claro, con la aguardentosa voz del mozo, y el sentimiento que le echa, pues el pobre Guti se estruja sobre sí mismo en el sofá, y como si de una Ballerina se tratase, expulsa toda el agua que el pobre acumulaba en sus ojos casi hasta dejarlo seco. Pero no, todavía le queda una bala con la que regodearse. Nuestro ya entrañable amigo se saca a la remanguillé un grandes éxitos de Micky y pone El chico de la armónica. Cáspita. Esto no nos lo esperábamos. Tal copla se convierte en un punto de inflexión en su trayectoria autodestructiva, y mientras el simpático Micky tira de tristes acordes con su famosa armónica, Gutiérrez desaparece del salón para volver al poco tiempo con la Luger que un soldado alemán le regaló a su abuelo en sus tiempos de combatiente en la División Azul.

Y así, derrumbado tanto moral como físicamente, Gutiérrez se sienta en el sofá y se apunta el cañón de la pistola a la boca, que la abre hambrienta de muerte. En el último segundo, cuando el hierro va a dar a luz su letal vástago, el cañón de su verdugo cambia la trayectoria y apuntando hacia la cadena de música, le descerraja cuatro tiros como cuatro soles, saltando por los aires botones, cristales e incluso la armónica del pobre Micky. Gutiérrez sonríe entonces y piensa, Pa guevos los míos, y coge el mp3 que tiene en su cuarto cargado exclusivamente con canciones de Los Nikis, y decide darse otra oportunidad en la vida. Ahí está el tío.

PRESIDENTE DE LA COMUNIDAD EN EL INQUIETANTE EDIFICIO DAKOTA

Digital StillCamera
Digital StillCamera

Pues sí. Sin duda sería el sueño de cualquier Juan Cuesta versus Enrique Pastor del país del tío Sam. Presidente de la comunidad de vecinos del edificio con más leyenda negra de todo Nueva York, limpio de rancios pescaderos mayoristas y gañanes reparte salami, pero eso sí, infectado según las crónicas de malajes, espíritus cabroncetes e inquietantes alquilados de paso que dejan en pañales cualquier maldición gitana de esas de dedo pulgar chupao y agresivos Por estas…

Tan entrañable edificio sito en el número 1 de la calle 72, al oeste de Central Park, fue construido entre 1880 y 1884, a manos del arquitecto Henry Hardenberg, autor de los planos del también mítico Hotel Plaza, y el que aflojó la mosca Edwark S. Clark, propietario ni más ni menos que de las máquinas de coser Singer. Aquellas con las que generaciones de mujeres se dejaron la vida dándole al hilo y moviendo durante horas el pedal con los pies, que cuando terminaban, estos seguían moviéndose solos, como si estuviesen poseídos por Giorgio Aresu y sus compis del ballet Zoom, mientras sus maridos hacían tarde/noche en la taberna, poniéndose tiernos de agua de fuego y panchitos.

Con un estilo propio del renacimiento de la Alemania del Norte y distribución de pisos inspirado en la arquitectura francesa del siglo XIX, su nombre viene de un chascarrillo yanqui referido a lo lejos que estaba de la ciudad. Por lo visto al principio no llegaba ni la electricidad y la gente se refería a él como el edificio ese que está en Dakota, (al norte de EE.UU, frontera con Canadá), vamos, donde picó el pollo. Para que vean que por esas tierras también tienen son salaos y tienen su chispa. El caso es que por muy lejos que estuviese y carecieran de internete y Sálvames de turno, el casoplón fue siempre alquilado al completo, suponemos que por viajantes puteros, amantes furtivos y atareados maridos que hacían un alto en su viaje de negocios para echar una firma con la secretaria, poniéndola mirando a Dakota, posible origen también del nombre del famoso edificio.

La suerte llegó cuando Manhattan comenzó a crecer hacia el norte y se vio rodeado de nuevos y carísimos edificios donde se mudaban los pastosos de la época, revalorizando el perdido lugar donde picó el pollo hasta convertirlo en el sitio ideal en el que poner el huevo. Y aquí es cuando se empieza a poner interesante. Entre sus nuevos inquilinos comienzan a llegar lo mejor de lo mejor. A principios del siglo XX estuvo viviendo allí ni más ni menos que Aleister Crowley, el mítico mago negro más famoso del siglo, creador de la orden esotérica Golden Dawn y conocido como La Gran Bestia. Icono al que idolatraron estrellas del pop como los Beatles, Rolling, Alice Cooper y que según dicen facilitó a Churchill el marketiniano símbolo de la V de victoria, antiquísimo signo positivo egipcio para contrarrestrar aquellos de los que ser servía la Alemania nazi y su numerosa corte de ocultistas. Dada su trayectoria y currículum seguro que lo hizo por fastidiar más que nada. También se cuenta que llegó a celebrar misas negras en las zonas comunales del Dakota y sin pedir permiso. Eso sí que es fuerte.

Por aquella época también se dio un garbeo por allí el actor de terror Boris Karloff, que para no ser menos que su compi Béla Lugosi, al que enterraron vestido de vampiro, a este le dio también por hacer veladas de espiritismo en el edificio, que entre las suyas y las de Crowley aquello tenía que ser como un parque temático. Sólo faltaba el tren de la bruja. Por cierto que cuando Karloff picó el billete, hubo poltergeist esa noche e incluso le dio por presentarse en el eficio, recién estrenado el uniforme de fantasma, y la gente al verlo puso las de Villadiego, o mejor dicho las de Dakota, pero esta vez la de verdad.

Más interesante se pone la cosa cuando llegó Polanski con las rebajas. Y es que en 1968 le dio por rodar aquí su famosa película de terror La Semilla del diablo. El título original es Rosemary´s baby, en España se adaptó, con nuestra típica traducción libre, por La Semilla del diablo, por que claro, aquí la titulas El bebé de Rosa Mari, o El bebé de María Rosa, y aparte del descojone general, igual se llena el cine con señoras fanáticas de las pelis de mediodía de Antena 3 a las que se le atascan los kikos (porque son de las que toman bajo cuerda) en la tráquea al verse en medio de un fregado satánico donde los vecinos hacen de todo menos obsequiar con tarta de arándanos ni jugo de grosella. Dicen que se inspiró en Gerald Brossau Gadner, sumo sacerdote de la brujería Wicca inglesa, y por supuesto inquilino durante un tiempo y hacedor de rituales mágicos en descansillos y cuartos de contadores, para el papel del brujo malo que sale en la peli.

Aunque sólo se rodaron exteriores allí, se lió bien gorda cuando empezaron a aparecer peñas de sectas satánicas y practicantes de la magia negra para evitar el rodaje, entre ellos Charles Manson, asesino de la esposa de Polanski, Sharon Tate, así como se filtraron datos de extraños accidentes ocurridos a miembros del equipo durante el rodaje. Hasta su prota, Mía Farrow le dio un yu yu y posteriormente cortó con Frank Sinatra, quizá el momento más peligroso para los fantasmas del lugar ya que al viejo ojos azules no se la jugaban y después se iban de rositas…

El más célebre suceso ocurrido en el Dakota sería sin duda el asesinato del beatle John Lennon en 1980 en las puertas del edificio, a manos de Mark Chapman, un fan zumbado que obsequió a su ídolo con jarabe de plomo mientras que para él se automedicaba una cadena perpetua de las de bola de hierro y palotes en la celda marcados con tenedor. Debido a una extraña pasión por lo macabro o por lo menos extraño, muchos son los famosos que han vivido o viven allí como Judy Garland, Leonard Bernstein, Lauren Bacall, la viuda de Lennon, Yoko Ono, que sigue viviendo ahí, Jennifer López, Bono, Sting, Paul Simon…

Como fin de fiesta decir que la última película en rodarse allí fue Vanilla Sky, la versión yanqui de Abre los ojos, y que el último famoso en comprar un apartamento allí ha sido Alec Baldwin, por más de 8 millones de dólares. Algo inquietante, con la historia del edificio y un actor tan malo que se gaste esa pasta para vivir allí… Lo mejor de todo es que para vivir allí, y no digamos que para ser presidente, hay que pasar el durísimo filtro de la comunidad de vecinos, quienes por cierto suspendieron a Antonio Banderas y Melani Griffith en 2005, dicen que con un 4,5 y ni les dejaron ir a revisión ni entregar un trabajo para subir nota… No sé, pero en ese edificio pasa algo. Y más si Alec Baldwin es presidente, que si se sigue la tradición española, el último que llega la pela…

CURIOSAS TRADUCCIONES DE PELÍCULAS DE HOLLYWOOD

rosa-mari-500x576

Cuando se acerca el fin de semana, las carteleras de cine nos invaden con sus nuevos estrenos, brindándonos así la oportunidad de desempolvar nuestro ajado diccionario Collins –sólo apto para nostálgicos que se niegan a su versión de traducción en línea- o poner al día nuestros añejos conocimientos de la lengua de Shakespeare aprendidos en el colegio y completados en casa con el Follow Me del flemático Francis Mattheus, para intentar descubrir el significado del título de las pelis extranjeras que vemos y que muchas veces no tiene nada que ver con el que nos cuelan por estos lares.

Como muestra actual, antes de tirar de históricos ejemplos de libro, me remito a cuatro de los próximos estrenos de la cartelera de noviembre y uno de este pasado octubre. Concretamente Step Brothers, estrenada el 31 de octubre, y cuya traducción literal, Hermanos de paso, ahora se convierte en Hermanos por pelotas, y aunque esta comedia chorra protagonizada por Will Farrel y Jhon C. Reilly, seguramente no pasará a la historia, nos sirve para ver que un título original que seguramente no diría nada, si le metes la palabra pelotas, pues ya le da el toque cachondo. El mismo caso que Un Rockero de pelotas, seguimos con la palabrita, en lugar de The Rocker, sobre un rockero de una famosa banda de los 80, interpretado por Rainn Wilson, que es expulsado de ella y más tarde tiene una segunda juventud en la banda de su sobrino, y que se estrena el 7 de noviembre.

El día 14 de noviembre nuestros sentidos, o por lo menos dos de ellos, podrán deleitarse con otra comedia romántica made in Hollywood, cuya traducción española es Una novia para dos, mientras que el título original es My best friend´s girl, la novia de mi mejor amigo. El nombre lo dice todo, y supongo que para no caer en títulos por el estilo, tan reconocibles por todo quisque, pues van y sueltan éste. Ya veremos por donde nos sorprende la historieta que protagonizan Dane Cook, Kate Hudson y Jason Biggs. Y por último, para romper una lanza a favor de los traducciones de pro, que de vez en cuando saltan, pues decir que Luciérnagas en el jardín, un dramón puro de oliva con un cartel formado por Julia Roberts, Willem Dafne y Ryan Reynols que se estrena el 21 de noviembre, si es fiel a su título original, Fireflies in the garden, la excepción que confirma la regla.

Y ahora tiremos de historia, que es lo que mola. Haré un pequeño muestrario de traducciones libres, bueno, tan libres que no hay por donde agarrarlas en muchos casos.

Cool hand Luke, Luke mano fría. En España: La leyenda del indomable. Toma ya. Aunque el título español de la peli del gran Paul Newman está chulo, en nada se parece al inglés, suponemos que para no despistarnos e ir directamente al grano y saber de que va la película.

Highlander, nombre de los habitantes de las tierras altas de escocia agrupados en diversos clanes. En España: Los Inmortales. Ahí teníamos al bizqueras de Christopher Lambert repartiendo leña entre sus compañeros de saga, con los que no podía ni el ácido, a no ser que un buen revés con la claymore cercenase su cuello mientras le decía eso de sólo puede quedar uno.

North by Northwest, Al norte por el noroeste. En España: Con la muerte en los talones. Igualito, vamos. Hitchcock siempre quiso hacer una peli que terminase con los protagonistas subidos en los rostros de los cuatro presidentes tallados en el monte Rushmore –¿se imaginan un monte así en España, con los caretos de Suárez, Calvo Sotelo, Felipe, Aznar, Zp…?- y para ello les hizo casi atravesar EE.UU.

Grounhond day, El día de la marmota. En España: Atrapado en el tiempo. Bueno, tiene un pase, ya que por estas tierras la peña no tiene ni zorra idea –ni falta que le hace- de que cada 2 de febrero, desde 1886, en la localidad de Punxsutawney (Pensilvania, EEUU) esperan que salga la marmota Phil de su madriguera. Si al salir hace sol, proyecta su sombra, se asusta al verla y vuelve a entrar. Eso implica, según dicen, seis semanas más de crudo invierno. Si por el contrario está nublado, no se asustará, se quedará fuera y la primavera estará al llegar. Pues como si aquí hacemos una peli sobre las Cabañuelas y la vendemos a los yankis. Anda que no le cambiarían el nombre.

Rosemary´s Baby, El bebé de Rosamari. En España: La semilla del diablo. La verdad es que acojona más la traducción, por lo que evidentemente vende también más que con la traducción literal, donde la gente puede caer en el error de que se trata de un rollazo estilo películas de Antena 3 de fin de semana. Pues igual que con Damien, el prota de La Profecía, que si lo llegan a traducir por Damián, los espectadores se hubiesen partido el ojete, tomándose a coña las aventuras del pobre chavalín con la calcomanía de los tres seis en la cocorota.

Duel, duelo. En España, El diablo sobre ruedas. En Iberoamérica, Reto a la muerte. Hombre, la peli de Spielberg se basa en la persecución de un viejo y oxidado camión a un automovilista, igual un pobre comercial, comisionista de pocas ventas, al que le toca la china y le dan el día intentando sacarlo de la carretera, así que más que duelo yo la hubiera titulado Puteo in the road.
High Noon, Pleno mediodía. En España, Sólo ante el peligro. Bueno, reguleras. Tiene un pase. Supongo que la traducción no está mal llevada ya que Pleno mediodía da sensación de calor, de cañita en la tasca de Frasco, y no aparenta un western atípico donde la figura del sheriff no es la del clásico héroe que salva al pueblo, sino que es un retrato psicológico de un tipo, magníficamente interpretado por Gary Cooper, angustiado por la tarde que le están dando unos matones el mismo día de su boda.

Spaceballs, Pelotas espaciales. En España, La loca historia de las galaxias. Qué raro, con lo que gusta por aquí añadir la palabra pelotas y en un caso de traducción literal se lo saltan. Sobre la peli de Mel Brooks, poco más que comentar.

Monty Python and the Holy Grial, Los Monty Python y el Santo Grial. En España, Los Caballeros de la Mesa Cuadrada y sus locos seguidores. Toma ya, alegría. Como es de risa, pues vale todo.

On the waterfront, En el muelle. En España, La ley del silencio. Hombre, de nuevo la traducción le da un toque más mafioso a la par que misterioso que el simple En el muelle. Desde luego, así se mete uno rápidamente en el mundillo de los estibadores de puerto de los muelles neoyorquinos, con Marlon Brando a la cabeza en plan duro.

Butch Cassidy and the Sundance Kid, Butch Cassidy y el chico Sundance. En España, Dos hombres y un destino. Suponemos que el título es para que los españoles no nos liásemos con personajes de la historia delictiva americana, y con esta traducción y los dos guaperas protagonistas pues a tirar millas. Seguramente ellos harían lo mismo si en su día llegamos a comercializar por aquellas tierras las aventuras del Jaro, el Torete o el Chirri.

En fin, ni están todas las que son, por supuesto, pero sí son todas las que están. Traducciones libres con la intención de atraer más gente a las salas, que bueno, aunque no siempre son acertadas, la idea no deja de ser del todo mala.

AQUELLA CENA DE EMPRESA

cenas_de_empresa-recortao-150x150

-¡Un poco de silencio, señores! ¡Hagan el favor!-gritó la oxigenada camarera frente a aquella numerosa y pintoresca tropa que se agolpaba a las puertas del salón reservado por Lusitana, S.L para celebrar su tradicional cena de Navidad.
-Siéntense solamente en la mesa que tienen preparada a la derecha. La de la izquierda esta reservada para otra empresa.
-Vamos, que nos vamos-soltó uno.
-¡A por el pienso!- chilló Paqui, la secretaria más terrorífica y zampabollos que jamás vieran los siglos.
-¡Que bote la rubia!-graznó López.
-¡Uhhhh! Ya está el López con sus chistes-bramó la mayoría.
Y así, como el que no quiere la cosa, aquella embravecida y bullanguera marea humana inundó el salón del restaurante en apenas unos segundos, logrando sin gran esfuerzo tirar al suelo tres sillas, romper una pequeña lámpara y dejar tan torcido el antiquísimo cuadro que presidía la mesa, en el que aparecía el legendario fundador de Casa Pacheco, que lo llegan a inclinar un poco más y el afamado cocineta se deja los piños en el suelo de su conocido restaurante, después de ciento veinte tranquilos años sonriendo a la peña con una bizarra dentadura clavadita a la de Joe Rígoli.

Continuar leyendo “AQUELLA CENA DE EMPRESA”

LOS MINUTOS DE LA BASURA

Relato ganador del concurso de relatos de Arnedo. Publicado más tarde en la página www.divertinajes.com  que le puso imágenes y lo dividió en tres partes, a pesar de ser un relato breve.

Empieza así:

Dicen que los triunfadores van siempre tan hinchados porque insuflan sus pulmones con ese aire virgen y denso de ilusiones que le roban a los fracasados apenas exhalan su primera bocanada de sueños. Breve espasmo onírico al que se aferran éstos como único y patético aliento de esperanza para tirar hacia adelante, intentando inútilmente arrancarle a la vida retazos de felicidad. Yo soy uno de ellos, confeso y practicante. Mi voto a la causa es fruto de una férrea comunión entre destino y falta de confianza en mí mismo, que me convierten en uno más de los soldados de este numeroso ejército formado por comisionistas de pocas ventas, angustiadas solteronas, eternos opositores, grises oficinistas y donjuanes de puticlub entre otros…

Los minutos de la basura 1

Los minutos de la basura 2

Los minutos de la basura 3

 

LA MÍTICA PIEDRA DE DESTINO

piedra-de-destino-321x372

Hay tradiciones que el paso del tiempo, en lugar de convertirlas en algo anacrónico y sin sentido como sucede en muchos casos, refuerza sus cimientos hasta hacer de ellas prácticamente un dogma. Uno de estos casos en la famosa Piedra del Destino, también llamada de Scone –por el lugar donde se encontró- o Piedra de la Coronación.
Se trata de un bloque de piedra arenisca que durante años estuvo conservada en la Abadía de Scone, hoy Palacio de Scone, y que era utilizada por los reyes de Escocia durante la Edad Media cada vez que eran coronados. Hasta que llegaron los ingleses con las rebajas en el siglo XIII y por obra y gracia de Eduardo I fue llevada a la Abadía de Westminster en Londres al grito de la piedra es mía y ya no me junto con vosotros, escoceses, so tacaños.
Sin embargo en 1996, el Gobierno Británico aceptó que se devolviese a sus legítimos propietarios, a cambio eso sí de que en futuras coronaciones volviese a Londres. Veremos a quien nombran entonces como rey, si al casi anciano Carlos o bien a su hijo Guillermo. Obviamente en el hipotético caso que se muera la reina de Inglaterra, un personaje eterno, que si sigue el camino de la reina madre, el futuro rey sería como poco uno de los hijos de Guillermo. El caso es que a día de hoy la piedra se encuentra en Castillo de Edimburgo junto con las joyas de la corona Escocesa.
Como todo objeto de culto que se precie, sus orígenes son remotos y su extraordinario recorrido fruto de las diferentes mareas que impulsan la historia. En concreto, la leyenda más clásica es la que dice que es la almohada que utilizó Jacob aquella tarde en la que se tumbó a echar una siesta campera y soñó con la famosa Escalera de Jacob, escala por la incesantemente subían, cual hora punta en el metro, una infinidad de seres. Más tarde dicen que fue robada, más bien en todo caso hurtada, a Moisés, al dejarla a orillas del mar rojo mientras estaba en sus cosas. La piedra fue entonces llevada a Egipto por Scota, que daría el nombre a Escocia, hija de un faraón egipcio que el tiempo la convertiría en mito para los pictos, bravos guerreros habitantes de Escocia que siglos más tarde daría leña a los romanos, impidiendo que Caledonia fuera conquistada por estos. También se dice, eso sí, que antes de dar el salto a la tierra del whisky primero hicieron parada y fonda un tiempo en España, asentándose en La Coruña y sacándose el abono para el Depor.
Lo más probable es que la piedra fuera un antiguo sitial de coronación de las tribus autóctonas, que fue llevado de un lugar a otro hasta acabar en Scone. Su desplazamiento se debió a Eduardo I de Inglaterra, despojando a los escoceses de uno de sus símbolos más preciados que forjaban su identidad.
La piedra se llevo a la Abadía de Westminster en Londres y se construyó una silla diseñada especialmente para almacenarla debajo, La silla de San Eduardo, donde desde entonces han sido coronados todos los reyes británicos menos María II de Inglaterra. Cuando se unificaron las coronas de Escocia e Inglaterra en la dinastía de los Estuardo, los reyes escoceses de nuevo volvieron a ser coronados sobre su piedra, aunque sin que ésta se moviese de Inglaterra. Lo bueno es que hay quien dice que a Eduardo I lo timaron y la piedra que se llevó a Londres no era la original, sino un pedrolo corriente con el que le dieron el cambiazo.
En el pasado siglo, la piedra salió dos veces de Inglaterra, una por un breve espacio de tiempo y otra de manera definitiva. Durante la Navidad de 1950, cuatro estudiantes escoceses presos de un exacerbado sentimiento nacionalista y de unas aburridas vacaciones sin apenas ningún aliciente, afanaron la piedra de la Abadía de Westminster. En la operación la piedra se partió en dos. O ya estaba partida, pues según unos ya estaba partida gracias a un atentado de unas suffragettes –movimiento de mujeres británicas y americanas que reclamaban su derecho al voto a principios del siglo XX- antes de la Primera Guerra Mundial. Escondieron la mayor de las partes en Kent, y días más tarde atravesaron la frontera con ella en el maletero del coche. La otra parte llego a manos de un viejo político de Glasgow que la hizo reparar por un cantero profesional.
Ante la presión social, que no estuvo muy a favor del latrocinio, y sobre todo que la reina de Inglaterra debía ser coronada en breve, concretamente en 1953, y no llevar a cabo la coronación sentada sobre ella daría lugar al principio del fin de la monarquía, los intrépidos muchachos no tuvieron más remedio que devolverla tras tirar de botes y botes de supergen para fijar como pudieron las dos partes. Fue abandonada en la Abadía de Arbroath el 11 de abril de 1951 y felizmente recuperada por la policía.
La segunda vez que salió de Inglaterra fue ya de una manera oficial y definitiva. En 1996, gracias al primer ministro John Mayor, la piedra fue escoltada por el ejército desde Londres hasta el Castillo de Edimburgo, donde desde entonces descansa tranquilamente a la espera de una nueva coronación.

EL MÍTICO TESORO OCULTO EN OAK ISLAND

oak-island-aerial-1024x610

Parecía un día cualquiera del verano de 1795 en Oak Island, sita en Nueva Escocia, en la costa americana del Atlántico Norte. Uno más de los muchos en el que nuestros tres jóvenes protagonistas, Daniel McGinnis, Anthony Vaughan y por supuesto John Smith, que siempre tiene que haber uno, golfeaban por la playa con sus pantalones con rodilleras de plástico y el tirachinas pícaramente asomando por el bolsillo trasero, en busca cualquier excusa con la que enredar.
A lo lejos vieron un generoso hoyo circular junto a un gran roble solitario, el mismo que dio nombre a la isla. Así que se pusieron a jugar a las canicas. Carambola hoyo mío, media cuarta y pie, y todas esas reglas que independientemente del país donde se desarrollen, si bien puede variar la forma, el fondo es el mismo en todas. Cuando se acercaron al hoyo descubrieron que se trataba de tierra excavada, ya sedimentaba que les produjo muchísima curiosidad. Tanta que se pusieron manos a la obra y al poco tiempo ya habían sacado la tierra blanda que cubría el pozo. No contestos con eso siguieron en su labor hasta llegar a los sesenta centímetros y encontrarse con una capa de piedras lisas, de indudable factura humana, nada de natural, y además de un material que no había en la isla.
Extenuados, pensaron que mejor otro día seguían, pues en casa les esperaba sin duda un generoso bocata de mortadela y el tang fresquito. Sin embargo, en sus cabezas rulaban ya viejas historias de tesoros piratas, de misteriosas fortunas de los templarios y de jovencitos afortunados que los encuentran y se parten el labio de risa ante los envidiosos de sus vecinos.
Con esta motivación retomaron su tarea de darle a la pala. A los tres metros hallaron una plataforma de troncos de roble colocados horizontalmente. Con el brillo del oro goteándoles por el colmillo apartaron las maderas y… ¡Cáspita! Tierra de nuevo. Bueno, quién dijo miedo. Sin desfallecer en sus deseos de retirarse del toreo por la puerta grande, siguieron cavando hasta los seis metros. Y de nuevo otra plataforma de maderas de roble. Aquí va a ser, se dijeron. Misma operación y… mismo marrón. Otra vez tierra. Desde luego, el graciosillo que hubiese creado aquel extraño pozo, no quería poner las cosas fáciles. Al final, hartos de tantas ilusiones rápidamente neutralizadas, optaron por mandar temporalmente aquello al guano, hasta que consiguiesen unos medios más potentes para desenterrar que sus ya encallecidas manos.
Entonces empezaron a circular leyendas sobre el posible origen del extraño hoyo. Bien que se trataba del lugar donde estaba el tesoro del famoso pirata Capitán Kidd, el cual recibió de un misterioso prisionero el mapa de una isla con una cruz que indicaba un extraordinario botín oculto. También se habló de la orden del Temple, en la que la isla sería el lugar donde escondieron su también mítico tesoro cuando salieron por velas del puerto de La Rochelle cuando Felipe IV de Francia y el Papa Clemente V acabaron con su orden aquel viernes trece de 1307, convirtiendo desde entonces la fecha en un siniestro día que luego fue rentabilizado por la franquicia cinematográfica que lleva su propio nombre.
Al final, en 1803, los tres amigotes lograron convencer a más gente y organizaron una expedición más seria, con la intención de aclarar el entuerto, y si de paso encontraban el mardito parné, pues eso que se llevaban. Pero nada, dale Perico al torno. Cada tres metros que excavaban aparecía de nuevo una plataforma de roble que al quitarla, tierra de nuevo. La peña empezaba a acordarse en voz alta de los ascendientes de los puñeteros constructores, pero cogieron aire y siguieron picando al grito de Soy Minero, del entrañable Antonio Molina.
A los 27 metros, habiendo desarrollado ya unos bíceps como los de Hulk Hogan, encontraron una losa de pórfido, material inexistente en toda Norteamérica, en la cual aparecía una inscripción en un alfabeto desconocido.

¡Huy, esto van a ser los egipcios!, soltó uno de los picaores.
¿Qué dices, pringao? Esto es Arameo de toda la vida. Y así estuvieron durante más de una hora, cada uno aportando sus escasos conocimientos hasta que un tiempo después un supuesto erudito dijo que la inscripción significaba: Trece metros más abajo están enterrados dos millones de libras. Osti.
A la llamada del dinero llegó ya la gente con medios para intentar conseguir tener más medios aún. Los de siempre, vamos. Conforme seguían excavando, el agua empezó a filtrarse, a pesar que ya tocaban otra capa de tierra dura. Pero el agua seguía subiendo y tuvieron que abandonar las expediciones debido a que conforme excavaban más el agua se filtraba y subía y subía. Varias expediciones se repitieron con el mismo resultado. Los tres jovenzuelos, participaron en todas las que pudieron hasta que entre la garrota y la dentadura postiza cayéndoseles continuamente hizo que se retiraran también y doblaran la cuchara sin haber descubierto nada tras años de trabajo.
Se descubrió eso sí, que una parte de la playa en Smith´s Cove era artificial, y que tenía un sistema de túneles, conectados directamente con los niveles más bajos de dicho pozo. Pese a la tecnología moderna es imposible cortar el flujo de agua que lo inunda continuamente.
Años más tarde, en 1849, una excavadora consiguió subir a la superficie algunos eslabones de una cadena de oro y un trozo de pergamino que alguno relacionaron con un clásico en el mundo de los misterios, don Francis Bacon. En 1967 apareció un trozo de madera del siglo XVI y un pedacito de latón antiguo. En 1972 una cámara submarina captó algo parecido a dos cofres dentro de un laberinto de túneles. También algo que parecía un cadáver, que no sabemos cómo no se había descompuesto tras siglos presa de la humedad. Aunque ciertamente la visión no fue nada clara, e igual era una rata gorda que la había espichado y la mejor manera de justificar la inversión era adecuar lo que se vió a lo que se quería ver.
Siete personas la han cascado en la búsqueda del tesoro y hay una leyenda que dice que cuando murieran siete aparecería el tesoro. Pues fumando esperamos. Ahí sigue el misterio. Para terminar comentar que más de un famoso ha intentado encontrarlo. Conocido son los casos de Franklin Delano Roosevelt, futuro presidente del país del Tío Sam quien fundó una compañía llamada Old Gold Salvage; el actor Errol Flynn, que lo intentó en 1940 pero que tuvo que abandonar porque los derechos de búsqueda los había adquirido ni más ni menos que El Duque, Mr. John Wayne, con escaso éxito también, por cierto.

AL RICO VENENO

veneno

El envenenamiento, esa especie de conquista silenciosa que invade las entrañas del infeliz que lo sufre hasta clavar el estandarte de la muerte en el último cerro que le queda sano, antaño llegó a convertirse en una especie de arte. El arte de dar matarile sin que le pillasen a uno, bien porque los medios disponibles del momento no hacían posible detectar el veneno, bien porque quizá no interesase descubrir al asesino. El caso de Yushchenko, presidente de Ucrania, es uno de esos, que tras ser envenenado hace cinco años, aún sigue sin saberse exactamente quien lo hizo, aunque se sospeche de los servicios de seguridad de aquel momento.

El veneno utilizado fue TCDD, la dioxina más letal que existe, y según Martin Mckee, de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, en el caso de que Víctor Yushchenko la hubiese doblado, jamás se habría descubierto que había sido envenenado. Un estudio del equipo médico que sigue el caso ha sido publicado recientemente en The Lancet, donde indican que cuando trataron a Yushchenko no existía tratamiento específico y la estrategia utilizada fue un control exhaustivo del veneno. Tras varios años han conseguido que el veneno se fuera poco a poco eliminando de su cuerpo, siendo las heces, donde se concentraban la mayoría de los metabolitos, el contenedor ideal para trasportar los numerosos restos de toxina hacia un lugar lo más lejos posible de su deteriorado organismo. Yushchenko se ha salvado, aunque su rostro de galansote ha pasado al de malo de película picado de viruelas, cosa que no podrán decir otros personajes famosos de la historia cuyo cuerpo no resistió la ingesta de diferentes productos tóxicos, ya fuera por propia voluntad, por la terceros o incluso accidentalmente.

Obviamente, el más cercano a Yushchenko es el del ex espía ruso Alexander Litvinenko, que fue envenenado con polonio radioactivo por meterse en camisa de once varas al investigar el asesinato de la periodista Anna Politkóvskaya. La historia suena a tiempos de la KGB, rusos malosos y todo eso, pero el caso es que el pobre hombre acabó listo de papeles. Si nos remontamos muchos años atrás, el gran Sócrates tuvo que tirar de cicuta, una planta con unas hojas similares al perejil con manchas púrpuras que provoca parálisis, típico de las plantas cuyas sustancias son alcaloides. Lo tenían enfilado desde hacía tiempo así que el filósofo decidió beberse la muerte mientras se daba un baño y seguía de paso dando lecciones a los presentes, como deja constancia Platón en Fedón, convirtiéndose en un precursor de una legendaria frase del escueto guión de Rambo al ir detallando como le iba afectando al cuerpo el veneno que había digerido y soltar No siento las piernas.

El curare, extraído de las raíces del Chondodendrum Tomentosum –casi ná- y de la corteza del Strychnos toxifera, es otro veneno que produce parálisis y asfixia, y ha sido siempre utilizado por los indios americanos bien para cazar, bien para enviar a los hombres blancos con aquel Dios que estaban empeñados en imponerles sin preguntarles nunca su opinión al respecto. En 1917, el primer ministro británico David Lloyd George estuvo a punto de convertirse en estatua si no llega a intervenir el servicio secreto y evitar un atentado en el que sus enemigos querían lanzarle un dardo bien mojaete en curare.

Otro veneno natural y de los más mortíferos es la picadura de la cobra, que puestos a elegir, mucha gente la firmaría antes que la de la víbora, que provoca una muerte lenta y dolorosa. Eso debió pensar seguramente la mítica Cleopatra, que según cuentas las crónicas eligió una cobra egipcia para suicidarse, que prácticamente era picar el billete y ya estaba uno arriba de cañas con los viejos conocidos.

El arsénico siempre ha sido un clásico en esto del veneno. Sin llegar a los extremos de las dos tías de Mortimer Brewster (Cary Grant) en la memorable película de Frank Capra Arsénico por Compasión, los Borgia, que eran unos cachondos, apañaron una pócima compuesta por vitriolo –sulfato de cobre- y pequeñas cantidades de arsénico, que como todos sabemos apenas tiene sabor, obsequiando a sus destinatarios con un ataque letal a su aparato digestivo. Dicen que Napoleón murió envenenado, aunque que parece ser que tal envenenamiento es posible que se debiese al saturnismo, envenenamiento con plomo, seguramente por el agua que bebía, al igual que Beethoven, que antes lo dejó sordo como una tapia, con dolores frecuentes de cabeza e incluso su amplia melena grisácea cuentan que se debía a sus efectos. Un análisis de ocho de sus cabellos parecen demostrarlo, al igual que no tomaba los fármacos de la época para paliar la intoxicación. Por lo visto el agua del Danubio es rica en plomo y la consumía diariamente, amén de que en aquellos días muchas de las tuberías estaban construidas con tan material.

El pintor flamenco Pedro Pablo Rubens, así como otros posteriores como Renoir o Paul Klee también es posible que sufriesen intoxicación por metales pesados como el cadmio o el mercurio que contenían las pastas utilizadas para pintar, principalmente el rojo y el amarillo. Como crack indiscutible en cuanto a la forma de morir tenemos al legendario y malévolo monje Rasputín, con el que no podía ni el ácido. Le intentaron envenenar con unas pastitas de té aderezadas con cianuro, como no cascaba -probablemente, el monje tenía alguna carencia de ácido en el estómago, lo que motivó que el cianuro no pasara a ácido cianhídrico- le pegaron un tiro, el Raspu se levantó al rato e intentó estrangular a su atacante, llegaron refuerzos y le volvieron a disparan, al rato el monje se vino otra vez arriba y acabaron tirándolo al río, donde lo encontraron tres días después con algo de agua en los pulmones –estaba vivo cuando lo lanzaron- y con los brazos levantados, como si estuviese intentando salir del hielo. Supongo que después lo enterrarían bien hondo y sobre la tumba echarían varias camionetas de hormigón, y después varias planchas metálicas unidas con tornillos rosca chapas, no fuera que el barbas le diese por hacer de las suyas otra vez.

Para terminar, citaré una sentencia de un alquimista famosísimo como fue Paracelso, nombre también del grupo de música de ese galeno metido a humorista ingenioso llamado Wyoming. Decía Paracelso que cualquier cosa podía ser veneno dependiendo de la dosis que se suministrara. Y qué cierto es, pues algo tan simple y aparentemente inocente como el agua o los sugus, tomados en grandes cantidades le pueden hacer reventar al igual que un potente veneno en pequeñas dosis.