Ganador del Concurso Internacional de microrrelatos La Mueca del Pícaro 2018

 

 

Una alegría de vez en cuando nunca viene mal. Como cuando me comunicaron hace poco que había ganado el Concurso Internacional de Relato de Humor Hiperbreve La Mueca del Pícaro 2018 con mi obra Don Ricardo.

El premio lo convocaba el Ayuntamiento de Barbastro (Huesca), junto a otros premios literarios más. Este es el enlace del artículo del Heraldo en el que se comunica el fallo.

 

Microrrelato

Don Ricardo

   Don Ricardo era un profesor singular. Sesentón, gris, huraño, henchido de secretos que no importaban a nadie… Tibia sonrisa bajo mirada aviesa. Alguien al que olvidar de no ser por su peculiar don. Durante años nadie consiguió eludir aquel extraordinario poder en las revisiones de exámenes de su asignatura de Derecho Romano. Fueran estudiantes gallegos, andaluces, vascos, extremeños, catalanes o madrileños, tras salir de la revisión sus acentos se diluían en el aire hasta mutar en una entonación esterilizada y neutra de tinte anodino. Los originales anidaban ya en el alma de don Ricardo, autor del latrocinio, quien los regurgitaba momentos más tarde, como un mantra enfermizo, en una orgía risas, sentencias y expresiones coloquiales que retumbaban con fuerza en las paredes de su despacho.

El resto de profesores del departamento lo escuchábamos en silencio, temerosos de aquellos inquietantes monólogos con acentos diversos. Ninguno quería quedarse a solas con él. Como era mi caso, defendiendo así el tono de la tierruca, de mi naturaleza montañesa frente a aquel infame ladrón de acentos. Sus víctimas, huérfanas entonces de una referencia innata, tornaban a sus hogares, colegios mayores o pisos de estudiantes con la esencia cercenada y el suspenso bajo el brazo, que también iba de la mano. Nadie era capaz de hacerle frente. Hasta que un día ocurrió. Lo recuerdo bien. Fue durante una revisión de los exámenes de septiembre. Una chica salió del despacho, golpeando exaltada la puerta e indicándonos con la mano que nos dirigiéramos hasta allí. Cuando llegamos, Don Ricardo yacía inerte, derramado sobre el sillón de su despacho, con el rostro esbozado en una caricaturesca expresión de terror. Al preguntarle a la chica por lo que había ocurrido, con apenas unos gestos nos lo dejó claro. Era muda.

 La Mueca del Pícaro 2018

 

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