¡Las ocho! ¡Mierda, me he quedado dormido! Salgo rápidamente de la cama y me dirijo hacia el baño. Sin apenas tiempo, mis abluciones matutinas no se diferencian en nada a la de los gatos. Un poco de agua en los ojos, otro poco en las orejas, y para terminar, una pasada rápida por las axilas. […]

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